Nacido en Monpazier (Francia) en 1960, Jean-Claude Coutausse comenzó su carrera como fotógrafo en el ejército francés, cubriendo la intervención Israelí en el Líbano en 1982. Un año más tarde comenzó a trabajar para la Agence France-Presse (AFP) y realizó fotografías para el periódico Libération, para el que cubrió por completo las protestas de estudiantes en Chile en 1988 a causa de la campaña presidencial francesa. Tras pasar un año en la agencia francesa Editing, se unió en 1990 a Contact Press Images, donde comienza a interesarse por historias como la guerra del Golfo, la hambruna en Somalia, y los combates en la antigua Yugoslavia; valiéndole sus fotografías para obtener numerosos premios y aparecer en diferentes revistas como Newsweek, L’Express, Géo, y Time. Además, también ha publicado varios libros con sus fotos, y en concreto merece la pena destacar Los Esprits D’Haiti, un interesante proyecto sobre el vudú haitiano que comenzó en 1994 y le llevó tres años completar. En Enero de 2003 se unió a la agencia Rapho y actualmente trabaja para National Geographic, Telerama y Liberation.

Entrevista

¿Cómo fueros tus inicios?

Nací en un pequeño pueblo cerca de Bordeaux, en el sudoeste de Francia. Allí fue donde descubrí que la fotografía sería mi pasaporte mágico hasta el mundo. Tras dos años en una escuela de fotografía, me alisté en el ejército francés y fui asignado al departamento audiovisual. Durante mi servicio, viajé al Líbano y cubrí mi primera historia sobre guerra.

Tras eso, entré en la Agence France-Presse (AFP), y me convertí en fotógrafo profesional. Realizas fotografías cada día fueron un ejercicio excelente, así como todo un reto. Me hice adicto a ello. Un año más tarde, me uní a Contract Press Images y comencé a trabajar en color, algo que apenas había hecho. ¡Qué descubrimiento! Gracias a el, encontré nuevos desafíos y un nuevo modo de expresarme.

¿Cual ha sido tu encargo preferido?

Aunque me gustan los trabajos a largo plazo, también saboreo los cortos pues suelo recordarlos más intensamente luego. En 1994 realicé fotografías en la ciudad sitiada de Sarajevo para el New York Times. Me habían reservado la portada y diez páginas interiores, y tenía siete días para entrar en Sarajevo, realizar las fotos, y volver. Pese a lo ajustado que iba de tiempo, me sentí muy libre a la hora de expresarme. No estuve tan encorsetado como en mis trabajos anteriores en la guerra en Croacia y Bosnia. En Sarajevo, utilicé poca película realmente en comparación con lo que normalmente disparo, pero no la necesité; sabía exactamente lo que quería. Mi objetivo era la ciudad sí misma, y me introduje completamente en la historia. Trabajaba en armonía con mi visión y pude organizarme muy bien el tiempo.

¿Que tuvieron de especial para ti las fotos que realizaste en haití?

Tras cubrir reportajes de guerra con tanta frecuencia, me sentí obligado a implicarme en proyectos donde podría alcanzar un entendimiento más profundo de la gente. Supongo que es la razón por la qué decidí enfocar la religión (lo mítico y sagrado), algo ocultado y precioso para la gente. Resumiendo, me gustó fotografiar lo invisible tras pasar años fotografiando lo obvio.

¿Algún consejo para los que quieran llegar a ser fotoperiodistas?

No te rindas nunca aunque la gente te diga que el fotoperiodismo está muerto. La mayoría de ellos lo dirán por que están cansados de la profesión pero tienes que entender el camino que han recorrido. Tal vez algún día pensarás lo mismo, pero mientras tanto no te rindas.